Ya dije ayer que mis días de buceo eran dos consecutivos por circunstancias de la vida, así que me volvió a tocar levantarme a las siete de la mañana para ir a correr y después de eso, ducha rapida y desayuno en camino al centro de buceo. Hoy la inmersión era en la playa de Tufia, conocida por todos los que ven los vídeos de despegue de aviones porque siempre la señalo cuando despego de Gran Canaria. Hoy había una chama con curso y su marido y yo con inmersión deportiva y se vinieron dos Dive Master y los dos aprendices, que acaban ya en estos días, con lo que llevábamos más profesionales que clientes. El mar estaba un poco revuelto, aunque según una de las Dive Master, no es corriente, es oleaje, pero bueno, lo cierto es que cuando venía te empujaba hacia atrás y cuando chupaba te empujaba hacia adelante.
Nos preparamos como siempre y cuando todos estabamos listos, bajamos a la playa. Para la primera inmersión habían decidido que iríamos a la zona en la que están los roncadores, que es la parte mas alejada. Como había corriente u oleaje, según lo queramos llamar, yo seguía la técnica del tapaculo, pegadito al fondo e impulsándome con las manos cuando el mar chupaba en la dirección en la que yo quería ir y aguantando cuando me intentaba llevar en la contraria y para mí, llegar al lugar de los roncadores no fue un problema. A medio camino nos topamos con un chucho negro grandísimo y abultado, que yo pensé que era una hembra empreñadísima, pero después la Dive Master nos explicó que era un macho porque se le veían claramente las DOS POLLAS, algo muy doloroso para los seres humanos, que yo me he escuchado un par de audiolibros de biólogos y expertos hablando como hay una gran cantidad de especies que han mantenido las dos pollas y a nosotros, Dios nos castigó y nos dejó con una sola, pero no se llevó el otro güevo, que es super-hiper-mega injusto, que imagínate, no hubiéramos ni necesitado al joputa-terrorista-islámico del Maroma para permitirnos casar al menos dos veces, que teniendo dos cipotes, lo lógico es que se asignen en exclusiva a hembras distintas y para los monógamos, colocándolas de lado, se las podrían empetar simultáneamente por la panocha y por el orto, que mis amigos siempre critican mi imaginación porque ellos no se lo que imaginan, pero esta claro que no van por los derroteros que me lleva mi kabezón.
Bueno, después de ver a ese chucho negro macho, que estuvimos un rato y no lo molestamos, seguimos y llegamos hasta los roncadores, espectaculares como siempre y cuando estamos allí, vemos otro chucho negro, que también resultó macho con sus dos pollotes, que ademas no se marchó, hizo varios pases para salir bien en el vídeo y estuvo un rato con nosotros, pese a que la visibilidad era pésima tirando a pesimísima. Después de que se fue y nos pusimos en ruta, yo y solo yo vi dos sepias juntas y también les hice vídeo. Tras eso comenzó el regreso en el que la corriente nos zarandeaba y el otro pavo, que no hizo caso del sistema del tapaculo, acabó llegando a la orilla con el tanque en 50 bares, que es el mínimo recomendado para salir manteniendo un margen de seguridad.
Hicimos la parada entre inmersiones y yo había decidido llevar un kilo extra de lastre, o sea cuatro, porque esta vez me tocó un traje de neopreno de paquete total y es que floto como un globo, que esas cosas cuando son nuevas se comportan de una manera distinta a cuando tienen unos cientos de inmersiones. Bajamos a la playa para entrar al agua y ahí fue cuando se jodió todo. Resultó que uno de los grupos de buceo del sur de la isla PERDIERON a un buceador, aunque esto solo lo leeréis en el mejor blog sin premios en castellano porque no avisaron a salvamento marítimo. Una de las dos Dive Master nuestras se tiró al agua con aletas y se fue nadando a casi un kilómetro, mientras los pescadores intentaban encontrar al chamo porque la corriente, cuanto más se alejaba de la costa, más fuerte. Después dos de los del pueblo se lanzaron con un kayak también en dirección hacia donde estaba nuestra Dive Master, mientras todo el mundo observaba con pánico cerval. Siempre, cuando nos explican las reglas, nos dicen, nos repiten, nos tripiten y en mi caso que he hecho cuatrocientas seis inmersiones, me han dicho cuatrocientas seis veces que si te pierdes y no estás con el grupo, que después de un minuto sin ver al grupo, subas a la superficie despacio y sin hacer parada de seguridad e inches la boya que TODOS llevamos y si es necesario, usa el pito que TODOS llevamos. El chamo ese, que debía ser de la escuela para lerdos, truscolanes, suciolistas y podemitas, no lo hizo y era imposible encontrarlo en el agua porque ademas, se iba al fondo continuamente para agarrarse allí y tardaron como media hora en encontrarlo y en total una hora en sacarlo. Ahora, la razón por la que no llamaron a Salvamento marítimo, según me dijo alguien por allí, es que si vienen, analizarán y estudiarán como siguen las leyes el centro de buceo y pueden acabar con multa o peor, así que al parecer lo mejor es que haya algo de suerte y si no, pues mira, un julay menos en el planeta.
Nuestra Dive Master volvió a la hora y estaba dispuesta a hacer la inmersión pero visto que la corriente era fortísima y la visibilidad malísima, todos arrejuntados decidimos no tentar a nuestra suerte y quedarnos con una inmersión, que cuando tu Ángel de la Guarda te manda un mensaje tan claro, si no le haces caso eres tonto del culo.

Así, que aunque solo hubo una inmersión, igualmente tenemos cuatro imágenes espectaculares, con el primer chucho negro que estaba enterrado en la arena y que tiene unas bandas de arena por encima preciosas, vemos a los roncadores, después vemos al segundo chucho negro cuando vino a saludarme y finalmente tenemos las dos sepias junto a mí. Y con esto se acaba el buceo de esta visita a Gran Canaria.

